Publicación de “El vestido de lunares”(V)

Bueno, mi novela ya está publicada y a la venta. Perfecto. ¿Y ahora qué? Esperamos  a que se venda. ¿Ella solita? Complicado. Hemos comenzado con las presentaciones. La primera ha sido en la feria del libro de Oviedo (LibrOviedo 2017) y el resultado mucho mejor de lo esperado. Según un artículo del periódico El Comercio, ha sido la quinta novela más vendida. Más contenta no puedo estar.

Pero, ¿de qué quiero escribir hoy? De la presentación. ¿Qué se hace en ella? ¿De qué hablamos? De la novela. No voy a mentir. Estaba muy nerviosa de cara a la misma y tenía muchas ganas de que llegara el día. ¿Preparé la presentación? En un principio, lo pretendía. Pensaba en qué diría y me puse a decidir sobre qué hablaría:

  • cómo comencé a escribirla
  • cuánto tardé en ello
  • el por qué del título
  • etc.

Pero la realidad es que si la novela la he escrito yo, ¿quién mejor que yo para contestar preguntas sobre la misma? Claro está que importa el tipo de presentación que vaya a ser. Si es tipo entrevista como fue la mía, lo más natural es no saber ni lo que te van a preguntar (como fue mi caso) y de esa manera contestarás también de forma natural.

Ahora bien, sí es cierto que si se tratara de una “presentación monólogo”, sí que habría preparado el discurso. Cada uno debe de hacerlo como se sienta más cómodo. Pero una cosa está clara. La historia es del que la escribe y nadie la conoce mejor que el que la escribe. Si nos paramos a pensar en eso, no debería de haber lugar para los nervios (aunque yo creo que la gran mayoría de las personas,  por mucho que hablen en público, siempre sienten un leve cosquilleo antes de comenzar cada charla)

Si se desea hacer una presentación, vamos a decir discurso, creo que estaría bien informarse sobre qué les gustaría a los lectores saber, establecer unos puntos de partida y desarrollarlos. Y para finalizar, contar cualquier tipo de anécdota que se crea que puede interesar.

Yo tenía una, pero no la conté porque habría destripado la historia, y además no es muy bonita… ¿Vosotros?

Sí, quiero ser como él

falcoSí. Cuando sea mayor quiero ser como él, como Pérez-Reverte.
Y eso que ya tengo 32 tacos pero oye, nunca es tarde. Igual un día me levanto y tengo esa habilidad con la palabra, ese don por el cual, aunque esté exponiendo una opinión seria sobre un tema importante, pueda hacer que al que me lea se le salga la sonrisa.
Esa capacidad de decir mucho en tan poco. Porque no. No me refiero a sus novelas. Me refiero a sus artículos. Que me leo prácticamente todos y son los únicos que leo ( por no decir que es lo único que leo en estos tiempos en los que el tiempo me falta) Y no. No es un “articulista parásito”, como alguien dijo una vez, no recuerdo quien (seguro que él sabría por qué pongo esto).Es broma. Sí lo sé. De esto habla en uno de sus últimos textos.
Es una maravilla sin dudarlo, desde mi punto de vista, que incluso para “meterse con alguien” consiga que me ría.

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Publicación de “El vestido de lunares” (IV)

En entradas anteriores sobre este tema ya expliqué cómo había mandado el manuscrito a editoriales y cómo me había decidido por una de ellas. En fin, “El vestido de lunares” sale publicada en mayo de este año con la editorial Camelot (a la que doy las gracias desde aquí por darme la oportunidad) y no puedo estar más contenta por ello.

Sin embargo, dicen que escribir una novela, o lo que sea que escribas, es más fácil que hacer que lo lean. Y eso es cierto. Sin ninguna duda. Por tanto, siguiente paso: la promoción. Esa ardua tarea de darse a conocer. ¿Cómo? Nuestras amigas las redes sociales nos han facilitado mucho el trabajo. No obstante, tampoco es sencillo por medio de ellas. Y sí. Requiere tiempo.

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¡Qué viene un murciégalo solo!

El idioma evoluciona. Eso lo sabemos y cada vez son más frecuentes, por lo menos a mi alrededor, las conversaciones acerca de los cambios que va admitiendo la RAE.

Así, por ejemplo, nos encontramos con la palabra “solo”. Esta tiene detrás su historia: los defensores de la tilde y los que no. Y es que la RAE establece ya que la tilde no es necesaria, pues para diferenciar el “solo” referido a solamente del “solo” de soledad, vale el contexto. Yo era partidaria de la tilde (y lo sigo siendo) pero ya no la uso. De hecho, en mi novela, El vestido de lunares, una de las últimas correcciones ha sido retirarla… Un rollo. Este es solo (sí, sin tilde aunque es el “solo” que tiene que llevarla. No me parece tan complicado) uno de los ejemplos.

Dato: Cuando estudiaba mi profesor nos dijo que cuando uno está muy solo, muy abandonado, no llevamos ni la tilde. Cuando estamos solos la tilde no viene con nosotros. Ese era el truco que seguíamos y creo que es fácil.

Pero, poco a poco,  nos vamos enterando de más. Y es que si conocía que se puede decir almóndiga e incluso crocodilo (nunca he escuchado esta palabra…), no era así con el término de “murciégalo”. Me imagino que se empleen estos términos porque si no, la RAE no los hubiera aceptado y yo no soy nadie para llevar la contraria, por supuesto.

Sin embargo, creo que estamos llevando esto a un límite en el que dentro de poco, para facilitar más las cosas a la gente, eliminaremos las tildes y aceptaremos barco como animal de compañía. Todo por los motivos que sean. Yo tengo mi teoría. Cada uno tendrá la suya.

Os dejo un artículo que me gustó mucho sobre el tema y sólo os llevará unos minutos leerlo.

http://www.eldiario.es/zonacritica/Solo-tilde-nostalgia_6_601299895.html

Modelo F

Cuando escribo en el blog no sigo ningún sistema. ¿Qué debería? Seguro que sí. Y si algún día me lo propongo (y tengo tiempo), lo haré. Soy consciente de que para atraer visitas es mejor seguir una “estrategia”, escribir de ciertas formas y hacer el mayor número de entradas. Pero , por el momento, ese no es mi objetivo principal. 

Relacionado con esto, hace ya tiempo leí un artículo que hablaba del “Modelo F”. Este modelo explica cómo leemos las personas, cómo echamos vistazos rápidos a la pantalla (en este caso). Se puede decir que habla del escaneo que realizan nuestros ojos. Y sí. Estoy segura de que tiene razón.

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Lector Beta

Muchas de las cosas que se hacen tienen un nombre y no se conoce. Por ejemplo, desde que hago uso de las redes sociales, una palabra me persigue: procrastinar. No sabía su significado pero, cuando el mismo primer día que hice cuenta en facebook, la leí en más de tres ocasiones, me llamó la atención. Resulta que es algo que todos hacemos mucho. Aunque muchos y muchas ya sabréis lo que significa, os animo al resto a buscarla. Os quedará su significado seguro.

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Elementos innecesarios en narraciones

Hace ya tiempo leí sobre el principio narrativo según el cual los elementos que se citan en un historia deben de ser empleados en la misma (simplificando). Estoy hablando de la “pistola de Chéjov”, que dice que si en el primer capítulo hablas de una pistola, ésta debe de ser disparada más adelante pues, de lo contrario, no deberías de haberla citado. Yo esto lo entiendo de la siguiente manera (dirigiéndolo a la escritura): cuando se escribe, no hace falta usar más que las palabras necesarias.

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Prefiero escribir a leer

Me gusta mucho leer y cuando puedo lo hago, pero desde que he sido madre, hace tres años y pico, el tiempo se ha vuelto muy valioso y es necesario priorizar actividades. Después de todo lo que concierne a mis perlas y de otras tareas queda poco tiempo para la lectura. Y no. Yo no soy capaz de quitarme horas de sueño para ponerme a leer.

Además, que cuando tengo algo de tiempo, prefiero escribir. Meterme de lleno en mis historias me gusta más que leer las ajenas. Y es que a veces, aunque la novela que esté leyendo me encante y me tenga enganchada, no puedo evitar pensar, al pasar las páginas, que podría estar escribiendo en vez de leyendo.  Pero también hay que decir que, a la vez, pienso que leer es bueno para mi labor de escritora. Pero no voy a mentir, gana la vena escritora a la lectora.

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¿Cómo escoges editorial?

Hace pocos días, una amiga me preguntaba cómo escogí la editorial para publicar mi novela. En mi caso es verdad que tuve que escoger entre dos pero eso no creo que sea lo usual. Al menos no en la publicación tradicional. En los casos de coedición y más en la autopublicación, sí que escoges la editorial con la que deseas hacerlo, como, por ejemplo, la editorial Círculo Rojo. En este último caso, escoges la editorial y, a pesar de ser autopublicación con su desembolso de dinero, deben de aceptarte el manuscrito pues no publican todo.

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